viernes, 26 de julio de 2013
domingo, 23 de junio de 2013
No soy Beuys
Dando vueltas por mi cabeza y por la calle aparece de repente a la altura de Casanova al 400 este cuerpo tirado en medio de la calle. No fue cómodo. Como "puesto ahi" y sin tener ninguna relación biográfica creo ese trapo de fieltro me miraba de lejos. Aparece de golpe. Todos los autos bajan la velocidad y lo esquivan, los caminantes lo miran y yo le saco fotos.
Materiales que hablan fuerte , con una arquitectura más viva que mucho y que te traen a un presente mejor.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Memoria caliente
Una cita de Lévi –Strauss:
“Memoria caliente es la memoria inscripta en el cuerpo y actualizable en el contexto de una representación, de un juego, de una ceremonia”.
Pedro ensaya, Natalia en el espejomiércoles, 22 de mayo de 2013
Recuerdos temáticos: espiar
Primeros cinco
1- En medio de la función "La última escena "de Caos miro detrás de bambalinas a Hugo Ledesma que hace de director de orquesta. Sentado en una mesita come una pata de pollo mientras mueve los brazos señalando cada acorde, hace lo mismo con un cepillo de dientes. Todo un ritual, hay dos vasos en uno toma agua y en el otro escupe el dentifrico, sigue moviendo los brazos, cierra los ojos, toma sin querer el vaso de la escupida, el público hace un sonido de asco y yo sonrío. Así cada vez , unas 20.
2- Espío detrás de una ventana buscando algún secreto que me haga doler. A veces espiar es eso. Masoquismo.
3-Observo un buen rato en la obra social de la universidad a un tipo que se toca repetidamente el culo, el bolsillo y al final se acomoda el cuello. Me pongo a contar la cantidad de veces que lo hace hasta que encuentro un ritmo.
4- En el cajón de la mesita de luz de mi papá revuelvo las cosas, encuentro de todo , incluso una foto de una mina que no sé quién es.
5- Cuando beso espio un segundo. Me gustan los ojos cerrados pero mucho mas cuando se abren y yo los cierro.
1- En medio de la función "La última escena "de Caos miro detrás de bambalinas a Hugo Ledesma que hace de director de orquesta. Sentado en una mesita come una pata de pollo mientras mueve los brazos señalando cada acorde, hace lo mismo con un cepillo de dientes. Todo un ritual, hay dos vasos en uno toma agua y en el otro escupe el dentifrico, sigue moviendo los brazos, cierra los ojos, toma sin querer el vaso de la escupida, el público hace un sonido de asco y yo sonrío. Así cada vez , unas 20.
2- Espío detrás de una ventana buscando algún secreto que me haga doler. A veces espiar es eso. Masoquismo.
3-Observo un buen rato en la obra social de la universidad a un tipo que se toca repetidamente el culo, el bolsillo y al final se acomoda el cuello. Me pongo a contar la cantidad de veces que lo hace hasta que encuentro un ritmo.
4- En el cajón de la mesita de luz de mi papá revuelvo las cosas, encuentro de todo , incluso una foto de una mina que no sé quién es.
5- Cuando beso espio un segundo. Me gustan los ojos cerrados pero mucho mas cuando se abren y yo los cierro.
lunes, 6 de mayo de 2013
La juguetona
Por alguna razón Leonardo Da vinci una o dos veces por año aparece en mis dedos tecleando su nombre. Es el primer moderno y una de las figuras más dificilmente irreductibles al campo de la acción concreto de alguna disciplina artística., porque Leonardo es el artista de la disgresión.
Nació el 15 de abril de 1452, en Anchiano, cerca de Vinci.
Las caricaturas de Leonardo no son mencionadas en la biografía de Freud( que analiza su personalidad a partir de experiencias muy complejas con su padre) que sin embargo apela a su primer biografo Giorgo Vasari, para informarnos que: " A veces hacía limpiar a conciencia los intestinos de un carnero de modo que cupieran en una mano. Los llevaba a una habitación grande y unía los extremos a un par de fuelles de un herrero situado en una estancia contigua; los inflaba hasta que los intestinos ocupaban toda la habitación y a los presentes no les quedaba otra que acurrucarse en una esquina".
La Gioconda puede traducirse pasablemente como " La juguetona"
domingo, 28 de abril de 2013
miércoles, 17 de abril de 2013
Energía adolescente
Fragmento de entrevista a Federico León (dramaturgo) sobre la obra "EL adolescente" :
"Como si con los años uno fuera perdiendo esa posibilidad de comportarse de una manera más instintiva.
Hay más un mundo interior, mucho más potente que lo que se pueda exteriorizar. Y la exteriorización tiene que ver con golpes y balbuceos y hasta que pueda digerir algo y decantar va a pasar mucho tiempo, hasta que uno selecciona.
La relación entre cabeza y cuerpo crecen en forma disociada. Las dicotomías razón- pasión y voluntad- acción .Una forma de ser "entre" esas cuestiones va organizando un modo de vida. Hacen lo que quieren con la deuda de un mundo que se les viene encima. "
domingo, 14 de abril de 2013
Kartun me acompaña con esta nota
Sábado, 13 de abril de 2013
MAURICIO KARTUN, UNA CHARLA IMPERDIBLE EN EL MICA
En la cabeza del dramaturgo
Durante tres horas, el autor, director y docente magnetizó al auditorio de la Sala 5 de conferencias con una charla sobre la cocina del teatro. “Mi cabeza es de un anarquismo absoluto. A las 4 de la mañana el dramaturgo y el director se pelean...”, señaló.
“En el arte siempre se invierte más de lo que se gana”, sentenció Kartun en el encuentro.
Por María Daniela Yaccar
A él le dicen maestro. En el MICA quedó claro que el mote le hace justicia. Mauricio Kartun, padrino del área de Artes Escénicas del encuentro, brindó una clase magistral que le escapó a la formalidad. El autor de Salomé de chacra logró captar la atención durante tres horas. Combinó máximas teóricas con anécdotas que eran, a su vez, claves para interpretar la realidad circundante, materia prima de su teatro. Eran historias de viajes en micro, de las pampas y de noches de trabajo, vino y salamines. La clase se llamó “Visita guiada a la cabeza de un dramaturgo” y tuvo como eje un paralelismo: el quehacer del escritor y la actividad de una fábrica cualquiera.
“‘Charla’ sugiere intercambio. ‘Clase’ y ‘magistral’ tienen cierto peso. ¡Se los regalo!”, deslizó al comienzo, en la Sala 5 de conferencias del MICA, el día de la inauguración. Pidió no usar micrófono –hizo gala de unas poderosas cuerdas vocales– y protestó cuando esta cronista osó acercarle el grabador: es un Jiddu Krishnamurti del arte dramático. Da la sensación de que enseña y aprende todo el tiempo. “Pensé esta charla hace unos años, a pedido de una institución judía. Me dijeron que hacían reuniones en las que cierta gente explicaba cómo fabricaba lo suyo. Entré en una decepción temprana: pensar mi actividad en términos de fábrica me parecía imposible”, recordó.El tema encajó perfecto para un espacio que se define como Mercado de Industrias Culturales. Casi como obligación, Kartun remarcó una contradicción que le aparecerá a todo el que se deje llevar más por el amor que por el dinero. “En el arte siempre se invierte más de lo que se gana”, sentenció. “Ensayo mis obras entre seis meses y un año, pero el San Martín me paga dos meses de ensayos. Entonces, uso mi estudio. Es una inversión impensable en términos capitalistas. Y es el quilombo que tenemos con los malditos productores”, completó. El director pidió a la platea –en parte integrada por discípulos suyos– que imaginara todo aquello que es indispensable para el funcionamiento de una fábrica. Luego dibujó en una pizarra un plano con todos los sectores y herramientas indicados por el público: “compras”, “materia prima”, “contable”, “ventas”, “marketing”, “dirección” y “diseño”, entre otros. Incluyó hasta el baño, como sitio de desechos pero también de siestas.
En la parábola de Kartun, una factoría es parecida a la cabeza de un dramaturgo. Los obreros son los personajes, esos seres a los que no se les puede pedir nada que no quieran hacer y que “no cobran más que trascendencia”. La administración es dificultosa. Como en el fordismo, el tiempo es un factor importantísimo a la hora del quehacer dramático: “(Ricardo) Bartís dice que si seis boludos se juntan seis horas por semana durante seis meses, es imposible que no salga una obra. ¿Y cuál es el motor de la fábrica dramatúrgica? La violencia. Los que amamos esto siempre buscamos quién traicionó a quién, quién cagó a palos a quién, quién mató a quién. No hay obra sin violencia”, definió. El público estalló en risas.
“Una de las características de esta fábrica es que no tiene director, sino asamblea. Mi cabeza es de un anarquismo absoluto. A las 4 de la mañana el dramaturgo y el director se pelean. No decido desde un solo lugar, pero siempre le doy bola a mi tropa productiva”, apuntó. De todas las maquinarias del dramaturgo dijo que la que más usaba era la correctora. Entonces contó una de sus anécdotas más interesantes. Al terminar la primera función de Salomé de Chacra, la actriz Stela Gallazi tropezó y se fracturó un pie. Kartun tuvo entonces dos opciones: o elegir un reemplazo o que el personaje de Cochonga cobrara vida en una silla de ruedas. Y así fue. Gallazi actuó durante todas las temporadas en una silla de ruedas tuneada a lo criollo, incluso cuando ya no la necesitaba.
Siguieron otras historias jugosas, que se resisten a su metamorfosis en palabra escrita. Esto es coherente con la teoría de Kartun de que la materia prima de un dramaturgo es “la palabra en su función coloquial”. “El gran proveedor de materia prima es la realidad”, remarcó. Contó que escribe en libretas todo el tiempo, preferentemente de hule, que suele comprar libretas usadas y utilizar el material que encuentra allí. Contó, también, que esa tarde había llegado de Tandil –donde enseña dramaturgia– y que en el viaje escuchó una separación telefónica que duró tres horas. “Tenía ganas de dormir. ¡Pero más de anotar!”, exclamó. “Cuatro hijos, cuatro profesionales”, se acordó que le dijo un taxista. “Vivo registrando diálogos. He escrito hasta en servilletas. Así descubrí que un fletero me contó dos veces la misma anécdota de modo distinto.”
Seguramente, todos los que estuvieron allí el jueves aprendieron algo de este creador categórico, que lanza conclusiones que no pasan inadvertidas, como esta: “La sensación de los artistas oscila entre la impotencia y la sensación de que uno es el macho que las embaraza a todas y que las atraviesa como brochette. Eso es impagable. Pero si uno no hace una inversión bizarra no sale”, aconsejó.
martes, 19 de marzo de 2013
Si hay que escalar una montaña, la escalo.
La obra funciona como soporte para que aparezca el relato personal de cada bailarín/ actor. Por eso me interesan los procesos largos donde nada puede preverse, todo tiene que ser susceptible de ser modificado, todo tiene que pasar por el filtro de la comprobación. Todo se mueve y siendo se hace. El secreto: acumulación de todo de todo hecho de horas, de silencios, de trabajo, de preguntas, de marcas, de errores, de sorpresas, de tardanzas, de energia grupal , de energia con el espectador, de yo acá ellos allá y yo soy ellos y ellos soy yo.
"Si hay que saltar un muro bien alto lo salto , si hay que escalar una montaña la escalo , si hay que caminar en la calle la camino solo para que .....estés conmigo" Fidel Nadal.
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