
domingo, 28 de febrero de 2010
Cantos de Experiencia de Martin Jay

viernes, 19 de febrero de 2010
A chair is a chair
lunes, 15 de febrero de 2010
viernes, 12 de febrero de 2010
La acompaña la muerte

1-En la casa de mi amiga Alejandra Ponte hay muchos germinadores. Hay de semilla melón, de lenteja y de zapallo (es el que más le crece).
jueves, 11 de febrero de 2010
Soy un boceto
Este video tiene una particularidad y es que se pueden ver a la vez el proceso de creación en dos planos. Los dibujos, los papeles plegados, los hilos pegados en libretitas junto a los cuerpos que llevan la idea al espacio. Me gusta esa relación en simultáneo. La obra de danza no me sorprende tanto como ver como se pliega un papel para luego ver plegar el espacio.
Siempre me gustaron los bocetos. Encuentro un gran placer en espiar ese mundo de preguntas. La potencia la encuentro entre el intento y la obra terminada.
Un boceto tiene mil finales en potencia.
domingo, 7 de febrero de 2010
Hace dos días que no lloro
jueves, 4 de febrero de 2010
Otra por un rato

Así, el asunto de los nombres no se arregla solamente con el femenino de Carlos; existe una gran alegoría barroca que empluma, enfiesta, traviste, disfraza, teatraliza o castiga la identidad a través del sobrenombre. Toda una narrativa popular del loquerío que elige seudónimos en el firmamento estelar del cine. Las amadas heroínas, las idolatradas divas, las púberes doncellas, pero también las malvadas madrastras y las lagartas hechiceras. Nombres adjetivos y sustantivos que se rebautizan continuamente de acuerdo al estado de ánimo, la apariencia, la simpatía, la bronca o el aburrimiento del clan sodomita siempre dispuesto a reprogramar la fiesta, a especular con la semiótica del nombre hasta el cansancio.
De esto nadie escapa, menos las hermanas sidadas que también se catalogan en un listado paralelo que requiere triple inventiva para mantener el antídoto del humor, el eterno buen ánimo, la talla sobre la marcha que no permite al virus opacar su siempre viva sonrisa. De esta forma, el fichaje del nombre no alcanza a tatuar el rostro moribundo, porque existen mil nombres para escamotear la piedad de la ficha clínica. Existen mil formas de hacer reír a la amiga cero positiva expuesta a la baja de defensas si cae en depresión. Existen mil ocurrencias para conseguir que se ría de sí misma, que se burle de su drama. Empezando por el nombre.
La poética del sobrenombre gay generalmente excede la identificación, desfigura el nombre, desborda los, rasgos anotados en el registro civil. No abarca una sola forma de ser, más bien simula un parecer que incluye momentáneamente a muchos, a cientos que pasan alguna vez por el mismo apodo.
Quizás el listado de chapas que se usan para renombrarse incluya un denso humor, un ácido acercamiento a esos «detalles y anomalías» que el cuerpo debe sobrellevar resignado. A veces cojeras, hemiplejías o «sutiles fallas» que tanto cuesta disimular, que tanto molestan y avergüenzan como agregados de la falla mayor. En este caso el apodo alivia el peso, subrayando de luminaria un defecto que más duele al tratar de esconderse. El apodo hace de ese lunar con pelos una duna de felpa. De esa jodida joroba, un Sahara de odalisca. De esos ojos miopes, un sueño de geisha. De ese enanismo petiso, un Liliput mini y recatado. De esa nariz de hacha, un ventisquero de alientos. De esa obesa calamidad, una nube blanca y rosada a lo Rubens. De esa calva simulada por la partidura casi en la oreja, un brillo de cráneo para la buena suerte. De esas elefánticas orejas, un par de abanicos flamencos. De esa boca de buzón, un beso empapado de tormenta. En fin, para todo existe una metáfora que ridiculiza embelleciendo la falla, la hace propia, única. Así la sobreexposición de esa negrura que se grita y llama y se nombra incansable, ese apodo que al comienzo duele, pero después hace reír hasta a la afectada, a la larga se mimetiza con el verdadero nombre en un rebautismo de gueto. Una reconversión que hace de la caricatura una relación de afecto.
Hay muchas y variadas formas de nombrarse; está el típico femenino del nombre que agrega una «a» en la cola de Mario y resulta «Simplemente Maria». También esos familiares cercanos por su complicidad materna; las mamitas, las tías las madrinas, las primas, las nonas, las hermanas, etc. Además de otros personajes semicampestres, algo inocentes, que se extraen del folclor como las Carmelas, las Chelas, las Rosas, las Maigas, etc. Para las más sofisticadas se usa el remember hollywoodense de la Garbo, la Dietrich, la Monroe, la West. Pero para Latinoamérica hay nombres de vírgenes consagradas por la memoria del celuloide más cercanas: la Sara Montiel, la María Félix, la Lola Flores, la Carmen Miranda. Nadie sabe por qué las locas aman tanto a estas señoras doñas tan lejanas en el tiempo, y a veces casi extraviadas por el sepia de sus fotos. Nadie lo sabe, pero esos nombres se han homosexualizado a través de los miles de travestis que hacen su copia. A través de la mímesis de sus gestos y miradas matadoras. Toda marica tiene dentro una Félix, como una Montiel, y la saca por supuesto, cuando se encienden los focos, cuando la luna se descuera entre las nubes.
El listado se alarga a medida que la moda impone estrellas con algo del gusto y el affaire coliza, a medida que se hace más útil un stock de nombres para camuflar la rotulación paterna, a medida que se requiere más humor para sobrellevar la carga sidosa. Aquí van algunos, sólo y exclusivamente de muestra, rescatados de las densas aguas de la cultura mariposa.
La Desesperada
lunes, 1 de febrero de 2010
Tandarica me gusta
No sé si alguien se acuerda de él y si tuvo el reconocimiento que se merecía. Para mí es nuestro Buster Keaton.
Quiero hacer una obra con algo de su material y lo único que conseguí es éste video (no es de los mejores). Hoy es un buen día porque el recuerdo (que me acompaña hace más de 15 años) pasó a imagen de video. Una forma de confirmar que a pesar del tiempo sigo admirando la economía de sus gestos, su ritmo y su capacidad de ingresar a cualquier lugar para darlo vuelta.